OSPA. Varios instrumentistas de la Orquesta Sinfónica del Principado, en la fotografía durante un concierto con la pianista Carmen Yepes, participaron en el estudio. / E. C.

Una tesis doctoral demuestra que las pulsaciones de un instrumentista clásico son equiparables a las de un futbolista o un ciclista 62 músicos, muchos de la OSPA, participaron en el estudio

Para hacer música es preciso bombear mucha sangre. Tanta como para subir el Angliru o meterle un gol al Barça. Las clasificaciones tradicionales sobre el trabajo físico en función de la frecuencia cardiaca han considerado siempre que la profesión de músico requiere de un esfuerzo liviano, pero una tesis doctoral elaborada por la doctora Claudia Iñesta Mena (Llerena, Badajoz, 1959), médico de Atención Primaria en Gijón aunque especialista en Medicina Deportiva, ha echado por tierra esta teoría.

Para hacer música es preciso bombear mucha sangre. Tanta como para subir el Angliru o meterle un gol al Barça. Las clasificaciones tradicionales sobre el trabajo físico en función de la frecuencia cardiaca han considerado siempre que la profesión de músico requiere de un esfuerzo liviano, pero una tesis doctoral elaborada por la doctora Claudia Iñesta

Después de analizar a través de pulsómetros el esfuerzo cardiaco de 62 instrumentistas clásicos ha concluido que su trabajo es equiparable al de un deportista de élite. La media de pulsaciones se eleva a 136 durante un concierto (lo normal es entre 60 y 80), pero puede llegar en algún momento a las 200. Recurriendo a la catalogación Astrand y Rodahl de 1985, un clásico de la medicina laboral, su tarea es «extremadamente dura».

Claudia Iñesta es además de médica madre de tres hijos músicos y una gran melómana. De ahí su interés por un asunto que empezó a convertirse en su tesis doctoral bajo la dirección de Nicolas Terrados Cepeda en 1999 y que recibió el ‘cum laude’ de la Universidad de Oviedo el pasado mes de setiembre.

Su idea inicial era abordar un plan de ejercicios físicos dirigidos a los músicos, pero finalmente acabó analizando el esfuerzo que supone tocar un instrumento. Se valió de la colaboración de 62 instrumentistas, muchos de ellos miembros de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), que se prestaron a colocarse los pulsómetros durante los ensayos y los conciertos para evaluar las diferencias.

Clarinete, fagot, flauta, oboe, trombón, trompa, trompeta, contrabajo, viola, violín, violoncello, arpa, piano, percusión y dos instrumentos indios -sitar y tabla- formaron parte de un estudio que se prolongó en el tiempo y que acabó por aportar conclusiones inesperadas.

Porque si bien Iñesta suponía que el nivel de esfuerzo del corazón era fuerte, no esperaba tanto. Sí intuía ya desde el primer momento que es preciso que los músicos estén en forma y practiquen deporte para poder mantener ese bombeo cardiaco que se hace imprescindible para ejecutar la música.

De 20 a 30 años

La mayoría de los músicos que participaron en el estudio son jóvenes, entre 20 y 30 años, y el abanico de esfuerzo que realizan es muy amplio. Es difícil generalizar porque a la hora de medir las pulsaciones entran en juego muchos factores, algunos de ellos tan difícilmente cuantificables como la emoción de una pieza. Pero hay conclusiones claras. Por ejemplo, el esfuerzo se multiplica durante un concierto con respecto a los ensayos. Es también sustancial la diferencia entre un solista y quien no ejerce como tal en un recital. A mayor protagonismo, se advierte también un incremento en las pulsaciones.

Para dar ejemplo de ese importante esfuerzo, y saliéndose de lo que es estrictamente su tesis doctoral, Claudia Iñesta relata el caso de un fagotista que un día decidió pesarse antes y después de un concierto. Un kilo y medio fue la diferencia final, pero con el añadido de que el último pesaje se hizo después de la cena. Otra muestra del enorme esfuerzo que supone hacer música lo encuentra la doctora en su propio hijo, en la actualidad clarinetista becario en la Filarmónica de Berlín, que en un viaje a Bolivia fue capaz de correr a la altitud de La Paz, pero no pudo sacarle una sola nota al instrumento de viento. Pensó, incluso, que se le había estropeado el clarinete.

Un partido importante

Las gráficas de la tesis de la doctora aportan luz sobre lo que puede significar la faena de un concierto. En uno de ellos se observan las pulsaciones de un futbolista en un partido importante. Y son prácticamente las mismas que las de un músico. Sucede algo similar con el tajo de un pescador, mucho más tranquilo en las distintas partes del trabajo salvo en la última, la de la descarga del pescado, en la que se equipara el esfuerzo. «Es mucho más de lo que pensaba, nadie esperaba tanto», dice esta doctora extremeña afincada en Gijón para explicar con otra anécdota lo que supone. Su director de tesis, el experto en Medicina Deportiva Nicolás Terrados, mostró en una ocasión a un ciclista una de las gráficas de esfuerzo de los músicos estudiados por Claudia. «Mira, ¿qué te parece?, le dijo, y este contestó: «Uff, vaya etapa más dura». No daba crédito cuando supo que aquellas pulsaciones eran las de un concertista. Y así era.

Pese a lo que pudiera parecer, no se ha advertido en la tesis una diferencia de esfuerzo para los diferentes instrumentos. Y eso que cuando Claudia Iñesta comenzó su estudio estaba convencida de que los de viento requerían de mayor bombeo de sangre. Finalmente no fue así. Los niveles de esfuerzo no tienen relación con el instrumento, pero alcanzan durante los conciertos porcentajes superiores al 70%. En algunas ocasiones, incluso más. En el estudio en dos ocasiones se rebasó la barrera de la capacidad cardiaca máxima y se llegó al 101%.

Todo este estudio tiene un fin claro para Claudia Iñesta: concienciar a los músicos de que tienen que cuidarse, de que su corazón realiza un esfuerzo importante cada vez que se suben a un escenario. Estar en forma, hacer deporte y practicar hábitos de vida saludables es fundamental para los instrumentistas. Y lo es también para los jóvenes que se forman en el conservatorio, que deben hacer un hueco en su agenda para mover las piernas y el corazón. Eso entiende esta extremeña que, tras presentar su tesis doctoral, confía en publicar pronto su trabajo en alguna revista de cardiología.

Fuente: https://www.elcomercio.es/prensa/20070104/sociedad/esfuerzo-cardiaco-musico-concierto_20070104.html

La música forma parte de nuestra vida desde que comenzamos a escuchar la voz de nuestra madre tarareando una canción, las melodías de los dibujos animados, las canciones de amor que nos hacen suspirar en la adolescencia, recordamos nuestra vida mediante fragmentos que componen un puzle musical.

El oído es uno de los sentidos que antes se desarrolla. Crecemos con ritmo: el corazón, la respiración… La música nos acompaña cuando la edad nos borra los recuerdos, solo las canciones nos ayudan a recordar al desconocido que vemos en el espejo.

La música no es sólo aprender a tocar un instrumento, no consiste en convertirse en un “mini Mozart”, aporta valores fundamentales para desarrollarnos plenamente: aprendemos a trabajar en equipo, adquirimos paciencia para esperar el momento de tocar nuestro solo en la orquesta, desarrollamos la capacidad de expresarnos mediante nuestro instrumento o nuestra voz, nos emocionamos, sabemos que para que los resultados sean óptimos hay que ser un trabajador constante, valoramos la belleza, mejoramos la escucha y favorecemos el aprendizaje de idiomas, aumentamos la comprensión matemática, nos hace críticos a la hora de captar los errores y corregirlos, nos ayuda a relacionarnos con los compañeros, etc.

Hay numerosos estudios científicos que dejan constancia de la repercusión que tiene a nivel cerebral el aprendizaje musical en la infancia y a pesar de ello, se sigue investigando al respecto. No solo porque la educación musical despierta y desarrolla la atención, la concentración y la memoria, sino porque además contribuye al autocontrol, al desarrollo intelectual, interpersonal, psicomotor, físico, neurológico y afectivo.

Los psicólogos recomiendan aprendizaje musical en casos de timidez, en casos de separaciones, cuando hay pérdida de un progenitor, cuando hay cambios de carácter por la llegada de un hermanito… y es que “la música amansa a las fieras” dice el refranero.

Cuando las palabras no bastan, las hermosas melodías pueden decir lo que sentimos. Tocar un instrumento es mucho más que un hobby, es una forma de vida. Los médicos curan el cuerpo, los psicólogos la mente y la música sana el alma.

La música es una magnífica terapia en el tratamiento de muchas enfermedades, a través de la música los pacientes con Alzheimer recuperan parte de sus recuerdos, mediante música se atenúan dolores de enfermos terminales, la música acompaña a los bebés prematuros para mejorar su desarrollo y contribuir a su bienestar, y podríamos seguir enumerando infinidad de tratamientos que se sirven de la música como una herramienta.

Nos gusta que nuestros alumnos aprendan experimentando, lo que se aprende de memoria se olvida, lo que se practica mediante repetición se recuerda un tiempo, pero lo que se aprende jugando se recuerda toda la vida.

La música es una herramienta fundamental en el aprendizaje infantil, mediante canciones aprenden las estaciones, los animales, se amplía vocabulario, se transmiten las tradiciones, etc.

Desafortunadamente vivimos en una sociedad en la que se valora lo objetivo, lo cuantificable, parece que todo lo que no se puede medir carece de valía. Los estudiantes se preocupan de las calificaciones en lugar de aprender, los mayores se preocupan de rellenar los horarios de sus hijos y no por acompañarles en su aprendizaje, los profesores programan los objetivos, contenidos y procedimientos en lugar de preocuparse de que su alumnado sea capaz de pensar y cuestionar la sociedad en la que viven.

La música, tradicionalmente una asignatura “maría”, aporta a los alumnos mucho más que un simple festival en navidad o final de curso, la música tiene el poder de despertar inquietudes en los jóvenes que pueden llevarles a ser felices, a sentirse plenos, a disfrutar de la vida. Al fin y al cabo, ¿para qué estamos aquí si no es para ser felices? Crecer con música es crecer feliz.

Por Vicenta Gisbert Caudeli, codirectora del Proyecto de Educación Musical Musinnova

Fuente: https://diariodeavisos.elespanol.com/2019/06/el-poder-de-la-musica-en-los-ninos/

Los padres comprometidos con el aprendizaje musical de sus hijos suelen invertir mucho tiempo y esfuerzo en la formación de los más pequeños, horas de cafetería, lectura y espera, con desplazamientos añadidos, colas y prisas para llegar a tiempo. ¿Y si en lugar de esperar la salida de sus hijos pudiesen compartir el aula de música?

Las clases se convertirían en un espacio de complicidad, empatía y vínculo intergeneracional. Es un aprendizaje compartido, sin importar la edad, disfrutando de cada logro, apoyándose en cada dificultad, ¿no sería una extraordinaria forma de cumplir los sueños de los más grandes y compartir experiencias musicales con los más pequeños?

Musinnova desarrolla desde hace varios cursos escolares este programa de formación familiar, porque es una bonita experiencia ver crecer juntos a grandes y pequeños y porque además resulta práctico, en lugar de esperar, los papis y mamis invierten su tiempo aprendiendo de manera conjunta.

Especialidades instrumentales diversas: canto, violín, violonchelo, guitarra, batería, piano, saxofón, clarinete, trompeta, oboe, para todos los gustos y preferencias. El aprendizaje instrumental mejora la comprensión matemática y la motricidad fina, el canto amplía vocabulario y pronunciación, el trabajo colectivo mejora la socialización y la transmisión de valores que nos preparan para la vida adulta: esfuerzo, constancia, cooperación, respeto y si papá o mamá cometen los mismos errores que nosotros y pueden superarlos, se convierten en modelos a seguir, en estas sesiones además de aprender a tocar un instrumento fortalecemos la relación paternofilial.

Se acabaron las excusas: no tengo tiempo, es muy difícil, siempre tuve ganas pero no tuve la ocasión… Ahora tenemos la oportunidad de formar parte de la educación musical de nuestros hijos. Disfrutemos juntos de la experimentación, de una metodología basada en la intuición e interiorización de destrezas que nos facilitan la comprensión del código musical. No más música aburrida, hagamos de la música un divertido juego en familia con el que disfrutar del tiempo de ocio, aprendiendo juntos y superando cada dificultad con estudio y dedicación.

Reservemos un espacio semanal para una actividad especial, el aprendizaje musical se convertirá en nuestro particular paréntesis de la rutina laboral.  Vamos a activar nuestras conexiones neuronales, mejorar la memoria, nuestra atención, capacidad de escucha, coordinación y oído, cada clase un nuevo reto, puede no ser fácil pero sin duda merecerá la pena. Un equipo de docentes al servicio de cada alumno, sin importar la edad, únicamente con el compromiso de guiar el camino de los que desean disfrutar del aprendizaje musical.

Por Vicenta Gisbert Caudeli, codirectora del Proyecto de Educación Musical Musinnova

Fuente: https://diariodeavisos.elespanol.com/2019/08/musica-en-familia/

Música y salud emocional

“Somos seres musicales de forma innata desde lo más profundo de nuestra naturaleza”, opino lo mismo que dice Stefan Koelsch, damos muestra de ello en el vientre materno y recién nacidos…, todo ser humano responde emocionalmente de forma instintiva a las notas y ritmos musicales desde su origen. Música y salud emocional van de la mano.

El movimiento o quietud de un bebé ante la música está expresando emociones positivas o negativas, una melodía determinada puede detener o producir un llanto o tranquilidad y somnolencia. Koelsch lo resume así, “La música es capaz de evocar el núcleo mismo, el núcleo de las estructuras cerebrales responsables y creadoras de nuestro universo emocional”.

La música tiene la cualidad de mejorar la salud emocional de los niños, la salud de cualquier ser humano que lo desee, que lo necesite.

Con la música un niño siente, expresa, potencia o libera sus emociones.

Aprender, escuchar, tocar música es una oportunidad para el desarrollo y mejora de su salud emocional y altamente beneficioso como tratamiento para niños con dificultades emocionales, con hiperactividad, con problemas de relaciones sociales, con autismo, con depresión… entre otros.

¿Qué aporta la música a la salud emocional de un niño?

  • Un camino para resolver problemas emocionales.
  • Un estado de tranquilidad y gozo. Los sonidos musicales, las notas, ritmos, tonos…, vibran en la misma escala que las emociones, la música y la emoción se mueven en el mismo plano físico, regulando así el sistema nervioso y por tanto disminuyendo el estrés emocional. Se produce una armonía perfecta, un ajuste, una conexión, consiguiendo sensaciones de relajación, calma y sosiego.
  • Un espacio para comunicar lo que tiene dentro, lo que es, expresando libremente, dándole lugar y visibilidad al sentimiento, el sentir mismo, al más interno.
  • Una vía para liberar emociones ante la necesidad de expresión emocional oculta, para que deje salir emociones retenidas por el cuerpo o la mente, emociones que le atan, duelen o enferman.

Las escuelas de música especializadas para niños y niñas, utilizan técnicas que permiten trabajar la salud emocional, teniendo en cuenta las sensaciones y los sonidos de la naturaleza por ejemplo, el gusto musical del niño, y todas aquellas herramientas de escucha y manipulación musical que faciliten la expresividad y la creatividad. La escuela Musinnova de Canarias es un buen ejemplo de ello porque contemplan la emoción como base primordial de la música.

Toda persona, niño o adulto, tiene buena salud emocional cuando su mente y su cuerpo están en armonía, cuando existe una relación coherente entre lo que siente y cómo lo siente en estrecha vinculación entre su interior y su entorno.

La música, como nadie, consigue generar esta unión.

Sonia GonzálezSonia González - Salud emocional
Psicóloga Clínica, Terapeuta en Educación y Liberación Emocional y terapias de Bienestar y Desarrollo Personal, Relajación y Mindfullness

Según un estudio de la Clarkson University de Estados Unidos, realizado con jugadores de golf, escuchar música en el deporte, sobre todo jazz, puede aumentar la puntería. Otros géneros músicales, por el contrario, no tienen el mismo nivel de efecto, también ha revelado la investigación. Estudios previos habían señalado otros efectos positivos de la música sobre el rendimiento deportivo.

Los 22 participantes (ocho varones y 14 mujeres) en el estudio pertenecían a la la División I de golfistas de dicha Universidad, y tenían un promedio de 20 años de edad. Además, de media contaban con al menos ocho años de experiencia como jugadores de golf.

Diversos géneros musicales probados

Cada uno de los participantes completaron una serie de seis ensayos, que comprendieron intentar cinco tiros al hoyo en cuatro lugares previamente designados.

En un orden aleatorio, se pidió a los voluntarios bien que no escucharan música alguna, bien que escucharan algunos géneros musicales (música clásica, country, rock, jazz y hip hop o rap) mientras tiraban. Se comprobó así que el jazz era el tipo de música que mayor efecto positivo tenía sobre la puntería de los jugadores.

«El beneficio de la música en situaciones de control de la motricidad fina era relativamente desconocido. Con suerte, este es el primer paso para responder a esta cuestión», afirma Boolani, uno de los autores del estudio.

En el artículo publicado en el Journal of Athletic Enhancement se indica que será necesaria la investigación futura con una muestra más grande para ver si estos resultados pueden ser replicados.

Otros efectos de la música en el deporte

En la Universidad de Brunel (Inglaterra) el especialista en psicología deportiva Costas Karageorghis lleva años analizando la relación entre la música y el rendimiento en los deportes.

En un artículo publicado por Karageorghis en 2006, el experto señalaba que, en general, usar la música al hacer ejercicio físico o practicar algún deporte concreto permite aumentar la capacidad de concentración, levantar el ánimo, generar emociones, cambiar o regular el estado de ánimo y evocar recuerdos; aumentar el rendimiento, reducir las inhibiciones e incluso estimular el movimiento rítmico.

También se ha comprobado que escuchar música de fondo mientras se hace deporte puede reducir la frecuencia cardíaca y la tensión muscular, aumentando con ello el flujo de la sangre por el organismo.

Por otra parte, se ha constatado que una música de ritmo rápido resulta energetizante para los deportistas y que, por el contrario, una música lenta y relajante puede aumentar su fuerza. Por último, escuchar música escogida por los propios deportistas antes y durante el ejercicio físico puede ayudar a estos a controlar sus emociones y a dirigir su conciencia, lo que impacta positivamente en su desempeño.

Fuente: Tendencias 21

La música ha adquirido un carácter científico y su empleo como tratamiento no farmacológico está cada vez más implantado en el ámbito sociosanitario. Estudios demuestran cómo la musicoterapia alivia el sufrimiento físico y psíquico de pacientes que padecen patologías crónicas y degenerativas que provocan dolor y ayuda a tratar problemas de tipo cognitivo y conductual. Más de 2.000 titulados en España se han formado en esta disciplina.

Decía Miguel de Cervantes que “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”. Hoy, la creencia del célebre escritor sobre los efectos beneficiosos de la música en las personas está avalada por innumerables estudios nacionales e internacionales y su aplicación tiene carácter científico. En España, la musicoterapia fue introducida en el ámbito académico en la década de los 60 y actualmente ya hay más de 2.000 profesionales formados en la materia, siendo cada vez más numerosas las instituciones y centros hospitalarios que colaboran en la investigación y desarrollo de esta disciplina e incorporan estas técnicas a sus equipos y unidades para contribuir al bienestar de pacientes que sufren trastornos o patologías en el plano educativo, clínico o social.

El musicoterapeuta trabaja en todos aquellos ámbitos en los que la música, aplicada como terapia no farmacológica, puede mejorar algún aspecto de la vida de una persona, desde aquellas que presentan dificultades de aprendizaje, problemas de adaptación o trastornos cognitivos a las que han de enfrentarse a una enfermedad degenerativa o algo tan agresivo como el cáncer. Hay mucha literatura científica al respecto y los estudios arrojan buenos resultados de la aplicación de la musicoterapia no sólo en las fases de diagnóstico, fase paliativa y tratamiento, sino también en mujeres supervivientes del cáncer de mama.

Así influye la musicoterapia en los pacientes
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El Hospital Universitario La Paz de Madrid ha realizado recientemente un estudio comparativo en sobre el efecto de una intervención con musicoterapia para mujeres con cáncer de mama durante la sesión de quimioterapia. El estudio, llevado a cabo por la musicoterapeuta Mireia Serra Vila, realizó sesiones musicoterapéuticas en varios ciclos de la quimioterapia. Los objetivos principales del uso de la música como instrumento terapéutico fueron, en mayor medida, relajar, distraer y focalizar, socializar y, finalmente, expresar las emociones de las pacientes. La investigación ha demostrado que, a corto plazo, la ansiedad, el nerviosismo, la percepción del dolor y la depresión de las pacientes se redujo tras la sesión de quimioterapia, y mejoró ciertos síntomas asociados al tratamiento, como es la pérdida de apetito.

Las terapias pueden ser a nivel individual, pero lo más frecuente es que las sesiones sean grupales, de forma que las asociaciones, fundaciones y hospitales que aplican estas terapias puedan optimizar recursos y llegar a más pacientes. Según comenta a este periódico Martí, en el caso del cáncer de mama, con una elevada tasa de supervivencia, “el objetivo fundamental es ayudar a adaptarse tanto a la enfermedad como al tratamiento de una manera no invasiva mediante la relajación, la reflexión y la expresión de las emociones”.

Sin embargo, el trabajo de los musicoterapeutas al respecto no se limita únicamente a ofrecer un tipo de música determinado para favorecer la relajación de los enfermos de cáncer. Tal y como puntualiza la profesional consultada, “es muy importante el carácter activo y la implicación de la persona”.

Musicoterapia-2Es muy recomendable que los enfermos participen en técnicas de carácter activo como tocar un instrumento de fácil manejo, imitar patrones rítmicos, cantar letras significativas o probar con la composición musical. Todas estas prácticas, explica la musicoterapeuta, “fomentan la creatividad, lo que ayuda a los pacientes aprender a buscar alternativas a los problemas, a desbloquearse y descubrir cosas de las que son capaces”. El estado de ánimo se ve modificado y se traduce en una sensación de bienestar, concluye.

El párkinson es otras de las afecciones que la música ayuda a afrontar. Diversos estudios internacionales han demostrado que la música permite reactivar zonas del cerebro «apagadas» por la enfermedad y se han observado mejoras significativas en personas que escuchan música con frecuencia y que repiten sus estructuras mentalmente mientras desarrollan una actividad motora.

Fuente: Voz Pópuli

 

Aprender idiomas escuchando música es posible.

Aunque no te lo creas, aprender idiomas escuchando música es una técnica con bastante utilidad.

Las letras de las canciones nos pueden ayudar a memorizar de forma más fácil y divertida vocabulario de palabras y expresiones. Escuchar y hasta incluso cantar canciones en otro idioma ayuda a mejorar la pronunciación y aprender nuevo vocabulario.

Por ejemplo, la música en inglés está presente en numerosas actividades de nuestra vida cotidiana, cuando escuchamos la radio en el coche, en el supermercado, en una fiesta, etc. Ahí estamos en contacto con ese idioma.

Sin embargo, en muchas ocasiones, no prestamos atención a las canciones, sólo escuchamos de forma pasiva.

Aprender un idioma con la música, significa utilizar la información linguística con actividades que nos divierten. La pasión por la música puede ser clave, independientemente del idioma que aprendes.

Aquí están las fases que proponemos para que aprender idiomas escuchando música sea una actividad agradable:

Aprender idiomas escuchando música

1. Elige una canción que te guste.

Si te gusta la música, no tendrás dificultad al elegir la canción con la que quieres aprender un idioma y sobre todo, intenta escuchar varias veces la misma canción. Durante el día escuchamos muchas canciones, pero olvidamos repetirlas. Recuerda que la repetición es uno de los factores más importantes en el aprendizaje de un idioma.

2. Busca las letras en internet.

Puedes buscar en internet las letras originales de las canciones que quieres aprender.

3. Escucha la canción y lee la letra.

Si utilizas iTunes, instala un programa que lea tu biblioteca de música y guarda automáticamente las letras en un documento MP3. Si escuchas tus canciones preferidas y aprendes sus letras, con seguridad descubrirás palabras que no conocías. Concéntrate en las frases que te parecen más interesantes.

4. Escucha de nuevo y atrévete a cantar.

Cuando te sientas preparado y conozcas muy bien la letras de las canciones, atrévete a cantar.

Ahora que ya conoces las letras y que logras memorizarlas, puedes escucharlas mientras cantas en cualquier lugar. La repetición es un pilar fundamental de la memorización.

Uno de los consejos para el aprendizaje es alternar el estudio gramatical (de gran importancia) con métodos prácticos para memorizar el vocabulario aprendido, como ver películas, leer artículos, y como hemos dicho, escuchar música.

Por otra parte, según un estudio de la Universidad de Illinollis, escuchar música clásica también mejora el aprendizaje del lenguaje.

Fuente: El regalo musical

Una tesis defiende que el 99% de los alumnos que reciben educación musical obtiene un rendimiento académico positivo

Es la conclusión a la que ha llegado M.ª Carmen Reyes, profesora de música, en una tesis que sostiene que el 99% de los alumnos que reciben algún tipo de educación musical sortean de sobra el fracaso escolar.

La maestra notaba que los niños prestaban más atención en las clases. “Empecé el estudio de forma muy empírica”, afirma la maestra, “porque notaba que los niños que estudiaban música eran más atentos y utilizaban más recursos”. En total participaron 4.300 alumnos de 18 colegios de toda la Comunidad y los resultados fueron mejores de lo esperado: un 37% sacaba sobresaliente, un 42%, notable, el 11% superaba las pruebas con un bien y el 9% con suficiente. Calculando, solo un 1% suspendía.

La música, la aliada perfecta para combatir el fracaso escolar

Música y el fracaso escolarLa autora de la tesis cree que “la música debe ocupar un papel destacado en el sistema educativo, por sus beneficios en otras asignaturas”. Según la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana, esta autonomía es la segunda con mayor fracaso escolar, después de Baleares. Sin embargo, las sociedades musicales son su principal agente cultural. .Este tipo de formación ofrece valores como el respeto o el esfuerzo. La Comunidad Valenciana supera en más de cinco puntos al resto del país, con una media del 36,9% de fracaso escolar frente a un 31,2%

Enrique Barrachina, director del Taller de Música Jove de Valencia, lo corrobora: “La múarticulo musicasica desarrolla la intuición, pero la intuición sin conocimiento no es más que analfabetismo”. Por eso cree que, respetando siempre el ritmo individual de desarrollo,este aprendizaje puede transmitir valores como “mostrar educación, respetar turnos, ser puntual y cuidadoso, alcanzar una conciencia colectiva y ser constante para buscar la perfección”.

Estudios sobre el fracaso escolar y la música

Numerosos estudios norteamericanos van más allá: “La importancia de la música en nuestra economía es masiva”, concluye un informe de la estadounidense National Association for Music Education, que también señala que “los estudiantes de educación secundaria que participan en una banda u orquesta registran los índices menores de consumo de sustancias como alcohol, tabaco o drogas ilegales”.

Un ejemplo es Irene Soto. A ella, como a casi cualquier chica de 16 años, le gusta Amaral. Pero se fija más “en lo que tocan” que “en lo que cantan”. Alterna a este dúo con la electrónica de Boy in Static o el violín del israelí Itzhak Perlman, instrumento con el que “seguramente” se gane la vida. Considera que “debido al horario” necesita “estudiar más rápido”. La música le enseña a coordinar deberes igual que se acompasa a sus compañeros cuando toca en una orquesta. Irene alcanza una conclusión poco acorde con lo que suelen promulgar los docentes: “Se aprende más mirando a los demás que prestando atención a la pizarra”.

Quejas, por lo menos no hay. “Es una maravilla de niña”, responde la madre de Irene Ribes. “No tiene problemas con nadie, se relaciona con todo el mundo, tiene un visión más global de las cosas y, encima, no baja de notable”, remata orgullosa. Algo en lo que coincide Inmaculada Ligero, madre Iker Gonzalo Ligero, un niño superdotado de 11 años que toca el fagot. “Le han adelantado cursos. Él lo hace como quien aprende a leer. Además, se interesa por todo y siempre quiere destacar”, comenta, “y es buenísimo socialmente: siempre felicita a los demás”.

Esta publicación, según MºCarmen Reyes, no desentraña claves para reestructurar la educación formal, pero exige más orden y prioridad para estos estudios: “no es una cuestión de horas ni ratio de alumnos, sino de una mejor ordenación según los cursos”. La profesora asegura que “no hay nadie que no disfrute con la música, porque está en todas partes: en las calles, en el entorno…”. “No solo se adquiere ritmo y compás”, anota Enrique Barrachina, “es que, definitivamente, la música te hace mejor persona”.

Fuente: El País

La música y las buenas notas

Un estudio se centra en la influencia de la música a la hora de lograr obtener buenas notas.

Los niños y niñas de primaria que participan en el proyecto Amure están ya en la recta final de este experimento que pretende “verificar en qué medida la práctica del aprendizaje musical tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo y el rendimiento académico”, así como sobre “las actitudes, la disciplina y los hábitos educativos”.

Si el experimento, coordinado por la Consejería de Educación y la Universitat de València, continúa es porque los resultados provisionales del primer curso han sido “esperanzadores”, en expresión cautelosa utilizada entre los implicados en el proyecto. Un 77,5% de los niños que reciben clases de música dentro del proyecto Amure mejora el rendimiento escolar sacando buenas notas, fue el dato que la consejera de Educación, María José Català, anticipó el jueves en el congreso nacional de conservatorios.

Los resultados obtenidos

Buenas notas tocando notas
Esa mejora del conjunto piloto de 40 alumnos, que se produjo en solo un semestre, es un 15% superior al número de alumnos que mejoró en el grupo de control (otros 40) que no recibe clases musicales. La proporción de alumnos de este segundo grupo que mejoró el rendimiento fue de un 62%. Los datos del informe provisional que maneja Educación no son concluyentes, pero si indicativos, puesto que ya reflejan divergencias entre un grupo y otro. Aunque se refieren a un corto periodo de tiempo de exposición a la formación musical (el segundo y tercer trimestre del curso 2012-13), los efectos son “inmediatamente perceptibles en el ámbito actitudinal” y el efecto “sobre las calificaciones es progresivo”.

En cuanto a las notas, el grupo Amure experimentó una mejora global del 13,2 % en sus calificaciones, mientras que el grupo de control lo hizo en un 9,3%. De alguna manera, las notas musicales animan a las académicas. “Las asignaturas con índice de mejora son castellano, valenciano, educación artística y educación física”, en mayor medida estas últimas, explica el informe de resultados. En todas estas asignaturas, “la proporción de estudiantes que mejora es siempre superior” en el grupo que recibe clases de música, con diferencias que van del 5% hasta el 15%.

Cambios a medio plazo

Buenas notas tocando notasEl informe advierte que «los cambios cognitivos que requieren mejoría en estas áreas se producen a medio plazo, no de forma inminente». Aunque la comparación de las notas se hace entre la primera evaluación del curso (diciembre de 2012) y la última (junio de 2013), y los datos son claramente provisionales, hay «considerables indicios que apuntan a que la formación musical tiene efectos perceptibles sobre el rendimiento académico».

Esos indicios señalan también una mejoría en actitud hacia el aprendizaje, aumento de motivación y refuerzo de los hábitos de estudio y la disciplina, así como en la atención y la autoestima, según cuestionarios cumplimentados por docentes y familiares.

Fuente: www.abc.es