La curación por el espíritu…. de la música. Así ha debido pensar la familia de un niño inglés de 9 años el cual padecía asma desde que era un bebé y que tras empezar a tocar una tuba -un instrumento de viento- se recuperó en muy poco tiempo de dicha enfermedad respiratoria.

Ryan Harrison empezó a tocar el instrumento a principios de enero y según su madre, Marie Johnson, en pocas semanas empezó a respirar mejor y pasados los meses se había restablecido por completo, según el diario The inquirer. Leanne Male, director asistente del centro de investigaciones del asma de Reino Unido, se ha referido al caso: “Hay investigaciones científicas sobre los beneficios de ciertos instrumentos de viento para la salud de los enfermos asmáticos, sin embargo no había casos de mejora tan drástica como la suya”.

Músicoterapia contra el asma

Este caso puede que no sea tan extraordinario, pues las investigaciones para descubrir tratamientos musicales que curen -o alivien- el asma de los pacientes están a la orden del día. Así, La Universidad Católica de Valencia ‘San Vicente Mártir’ (UCV) y la Unidad de Alergología del Hospital General han iniciado, por primera vez en la Comunitat Valenciana, un nuevo tratamiento diseñado conjuntamente para pacientes con asma basado en la aplicación de la técnica de la musicoterapia. El proyecto tiene como destinatarios a pacientes asmáticos de todas las edades, según explicaron fuentes de la universidad

Fuente: www.20minutos.es

La música es una parte imprescindible en nuestras vidas. No podríamos imaginar nuestro día a día sin ella, sin esa melodía escapando de la radio del coche o sin las canciones que nos esperan siempre en cualquier bar o centro comercial.

Pero la música no es sólo una forma de entretenimiento. La mayoría de las culturas la consideran un arte curativo, y esta tradición ha resultado tener bases científicas: la música afecta al desarrollo neurológico, creando nuevas conexiones entre áreas del cerebro desde que uno es recién nacido y es capaz de identificar el tono y ritmo de los sonidos.

Son las tesis de la profesora de psicología de la Universidad de Toronto, Sandra Trehub, y el neurólogo de la Universidad de Música, Drama y Medios de Hannover, Eckart Altenmuller. Ambos han abordado el impacto de este arte en el cuerpo y la mente en un ciclo de conferencias ofrecidas en el Cosmocaixa de Barcelona.

“El cerebro de un músico es más adaptable y tiene más plasticidad que el de alguien que no tocanoticiaartecurativonoticiaartecurativoimages ningún instrumento”, explicó Altenmuller en una entrevista con Efe. Según declaró, los músicos se entrenan desde muy pequeños a afrontar retos, aprendiendo nuevas canciones, y el cerebro “refleja nuestra biografía”.

Ha quedado demostrado que los músicos tienen más desarrolladas las partes auditiva y motora, pero también han mejorado las conexiones entre los dos hemisferios del cerebro.

Ahora, estas propiedades de la música tienen una aplicación en la medicina. Su capacidad para unir distintas áreas del cerebro puede utilizarse para desarrollar terapias de rehabilitación para curar trastornos neurológicos. Por ejemplo, el doctor enseña a tocar canciones sencillas en el piano a personas con las capacidades motoras mermadas tras un ictus. Según ha podido comprobar, mejoran “extremadamente” el control de sus movimientos, pues el feedback auditivo les permite establecer nuevas conexiones entre la planificación motora y el movimiento.

También puede recurrirse a la música para generar “una tormenta de recuerdos” en pacientes con demencia, a través de las emociones que despierta una melodía conocida.

Fuente: www.mirada21.es

Una investigación británica afirma que al escuchar Beethoven y Mozart es posible mejorar la capacidad de atención y creatividad de los niños.

Existen numerosos beneficios de la música, y especialmente la clásica. Mucho se ha dicho en torno a los lazos interculturales que genera al ser un vehículo de expresión y lenguaje común a todos los seres humanos. Numerosos estudios han tratado los efectos de este estilo musical puntual: facilita el aprendizaje de la lengua, optimiza la resolución de procesos espacio-temporales, induce a un sueño más profundo y de manera más rápida, y ayuda a disminuir los efectos de la ansiedad o depresión, entre los más populares resultados. Recientemente un estudio de la Universidad de Londres ha afirmado que además de las mencionadas investigaciones previas, la música clásica les permite a los niños escuchar y concentrarse más.

De acuerdo con el equipo de científicos escuchar música clásica, especialmente la de Beethoven y Mozart, permite que los niños mejoren su capacidad de atención, de escucha, así como su ingenio a la hora de reconocer detalles y diferencias sutiles. Todas estas habilidades se trasladan a distintas áreas del currículo.

Si bien puede parecer que la música puede no ser atractiva para los niños, increíblemente en la realidad se produce exactamente a la inversa, ya que los niños son sumamente abiertos a distintos estilos musicales.

¿En qué consistió el estudio de la Universidad de Londres?

De acuerdo al estudio dirigido por el profesor Sue Hallan del Instituto de Educación (OIE) donde realizó una evaluación del Apollo Music Projects una iniciativa de educación musical donde los jóvenes escuchan música clásica en directo.

Al evaluar el programa, Hallan descubrió que aquellos que habían estado en los primeros años educativos de Primaria, durante la escucha no presentaron ningún prejuicio contra la música clásica. De hecho, algunos se interesaron mucho por ello y les atrajo, permitiéndoles ampliar su rango musical y otros efectos positivos en su capacidad de autocontol y concentración.piano en el agua

El programa les permitió escuchar diferentes composiciones de música clásica como Beethoven, Haydn, Mozart, Ravel, Shostakovich y Mendelssohn, pese a que muchas de las piezas se tornaban más difíciles a medida que se desarrollaba la iniciativa.

La dificultad permitía notar el grado de atención de los niños y su capacidad de discernir los movimientos completos de cuarteto de cuerdas y sinfónicas, alcanzando un nivel de concentración y placer muy altos.

Fuente: www.universia.es

Cuando escuchamos música, ejercitamos nuestro cerebro de una forma única. “Existe suficiente evidencia científica que nos dice que la experiencia musical, el entrenamiento musical, todas esas cosas cambian nuestro cerebro…entrena y mejora funciones cerebrales que nada tienen que ver con la música”, explica el Dr. Charles Limb, profesor de la Universidad de Hopkins, quien ha investigado el tema y escrito varias publicaciones al respecto.

Sin embargo, algunos tipos de música estimulan la creatividad y la imaginación, mientras que otras, como la música más movida, que nos anima al baile, brinda también una oportunidad para mejorar nuestro estado físico y también facilitar ciertos procesos terapéuticos.

En el  libro “La Música, la Mente y el Cerebro”, el psicólogo Manfred Clynes resume de qué forma la música afecta a nuestro cerebro. “La estructura, los intervalos, la calidad y el timbre armoniosos de la música y los patrones espaciales temporales de largo plazo son reconocidos por nuestro hemisferio no-dominante (en la mayoría de nosotros el hemisferio derecho). Por otro lado, el volumen que cambia rápidamente, la trayectoria exacta y rápida del tono, el tempo (pacing) y la letra son reconocidos por el hemisferio dominante (en la mayoría de nosotros el izquierdo). “

La buena fama de la música clásica

No es verdad que la música clásica nos hace más inteligentes, pero sin embargo,  es cierto que le proporciona al cerebro un mejor ambiente para desarrollar ideas y restablecer conexiones neuronales que nos permitirán estar más alertas, concentrarnos mejor y mejorar los procesos de aprendizaje.escucha-musica

La educadora española María Pilar Carrasco en su libro ‘Cómo educar a tus hijos con la música’, señala que la música barroca genera estados que facilitan el aprendizaje, gracias a su ritmo de 60 golpes, equivalente a los latidos del corazón cuando estamos en reposo. Por otra parte, la autora asegura que los tonos graves de este tipo de música provocan ondas cerebrales bajas y ayuda a la relajación.

Un estudio de la Universidad de Irvine, realizado por la psiconeuróloga Frances Rausher demostró que el escuchar las complejas piezas de Mozart, mejora las habilidades de aprendizaje de los estudiantes, ya que el razonamiento abstracto que se activa con el estudio, activa patrones similares a la música.   Durante este estudio, los investigadores descubrieron que aunque el efecto de escuchar la música de Mozart durante unos diez minutos antes de tomar una prueba demostraba una mejora en el razonamiento espacial y abstracto de los estudiantes, sin embargo, el efecto sólo era temporal, y tenía una duración de 5 a 15 minutos.

Según el neurocientífico Larry Parsons, del Centro de Imágenes de la Universidad de Texas en San Antonio, Mozart ayudó a un grupo de control a mejorar su razonamiento, sin embargo otros tipos de música también ayudaron a los estudiantes que eran parte del experimento, lo que demuestra que pueden ser los ritmos, tonos o patrones de música lo que realmente mejora el aprendizaje.

A modo de conclusión, existen muchos estudios que han demostrado que la música realmente afecta nuestro cerebro de una manera positiva y al mismo tiempo es una forma muy agradable de enriquecer nuestras vidas. Una de sus ventajas es que podemos utilizar la música para la estimulación del cerebro en las diferentes etapas de la vida, desde bebés y recién nacidos hasta personas de la tercera edad.

Fuente: http://salud.univision.com/es/

Los instrumentos y sus sonidos, el ritmo y en ocasiones, las letras nos hacen sentir, nos transportan y nos apartan de la realidad. No solo para quien escucha música, sino también para quien la crea, es una forma de expresión, de libertad y de juego.

Son muchísimas las veces que hemos escuchado o leído acerca de los valores positivos de la música. De hecho, todos hemos pasado por ese momento en que la música nos ha ayudado a sentirnos mejor.

 Los problemas más curiosos que la música puede solucionar:

Pérdida de capacidad auditiva. La música no cura la sordera, pero está demostrado que ayuda a prevenirla. En un estudio de capacidad auditiva cuyos resultados fueron publicados en el Washington Post, realizado entre músicos y no músicos en Estados Unidos se descubrió que los primeros podían procesar mejor el sonido que los segundos, incluso siendo personas de edad más avanzada. ¡La práctica hace al maestro !

Baja actividad física. Hay pruebas según una investigación difundida por las noticias BBC y realizada en Reino Unido de que la música puede activar a los deportistas incluso un 20%, casi la misma cantidad que puede incrementar por el dopaje, solo que el consumo de esta no aparecerá en ningún control.

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La música también puede ayudar a las plantas. No es un mito, estudios de los años 70 corroboran que las plantas se estimulan al recibir las vibraciones del sonido y esto afecta a su crecimiento. Incluso el tipo de música puede influir en la posición que tome la planta al crecer, según una escritora americana que ya analizaba sus efectos hace 40 años en su libro The Sound of Music and Plants.

Cada día más, los sonidos y la musicoterapia interesan en el mundo de la medicina. Conferencias, libros e investigaciones se llevan a cabo con el objetivo de ayudar a las personas y poder aprovechar sus efectos positivos.

Fuente: www.undermagazine.es

 

Un estudio arroja las primeras evidencias del efecto del entrenamiento musical de larga duración en la actividad neuronal

Los retrasos en el ritmo neuronal vinculados al envejecimiento no son inevitables y pueden eludirse o reducirse con entrenamiento musical, según se desprende de un estudio reciente realizado por especialistas de la Universidad Northwestern de Estados Unidos en el que se ha analizado la relación entre música y cerebro.

En un experimento realizado, se comprobó que músicos ancianos eran capaces de procesar un discurso, desarrollado en un entorno ruidoso, con la misma eficiencia que personas jóvenes. El hallazgo sugiere que el entrenamiento musical sería una herramienta eficaz para la potenciación de la plasticidad cerebral.

Esta investigación es la primera que proporciona evidencias biológicas de que la experiencia musical a largo plazo afecta al proceso del envejecimiento humano.

Efecto de la música en el sistema nervioso
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Las evidencias fueron recopiladas a partir de las mediciones de las respuestas cerebrales automáticas de músicos jóvenes y mayores, así como de adultos que no eran músicos, ante los sonidos de un discurso. Las mediciones demostraron que el ritmo neuronal de los músicos más ancianos presentaba una ventaja.

Según explica la neurocientífica Nina Kraus, co-autora del estudio, en este sentido, “los músicos más ancianos no sólo superaron a las personas de su misma edad que no eran músicos, sino que además decodificaron los estímulos sonoros tan rápida y acertadamente como los adultos más jóvenes, que no eran músicos”.

Los resultados obtenidos refuerzan la idea de que experimentar activamente los sonidos, en el transcurso de nuestra vida, tiene un profundo efecto en el funcionamiento del sistema nervioso, asegura la investigadora.


También ayuda a la memoria

Los investigadruidoores señalan que, a partir de los hallazgos realizados, se demuestra que el entrenamiento musical intensivo, incluso en las etapas avanzadas de la vida, podría potenciar el procesamiento mental de cualquier discurso y, como consecuencia, incrementar la capacidad de los ancianos para comunicarse en entornos acústicos complejos o ruidosos.

Los adultos mayores suelen tener problemas para distinguir palabras en estos contextos porque la reducción del ritmo neuronal vinculada al envejecimiento les impide decodificar bien los sonidos. En este sentido, la música podría serles de ayuda ya que, según Kraus, “la experiencia musical afecta selectivamente al cronometraje de elementos de sonido importantes para la distinción de las consonantes”.

En estos análisis fueron constatados otros efectos positivos de la música sobre el cerebro, como que ésta puede reducir la pérdida de memoria vinculada al envejecimiento.

Los voluntarios músicos habían empezado a estudiar música antes de los nueve años, y habían estado implicados en actividades musicales constantes durante toda su vida. Los voluntarios que no eran músicos habían estudiado música durante tres años como máximo.

El cerebro y la música

noticia3En los últimos tiempos, hemos sabido de otras investigaciones centradas en el efecto de la música sobre el cerebro humano.

Por ejemplo, en 2011, un estudio llevado a cabo por científicos de la York University de Canadá, especializados en el aprendizaje, la memoria y el lenguaje de los niños, constataron que la música puede potenciar el aprendizaje de niños de preescolar.

Por otra parte, en 2008, una investigación realizada por especialistas de la Harvard Medical School de Boston reveló que los niños que tocan un instrumento una media de dos horas y media a la semana desarrollan un 25% más el cuerpo calloso, la zona que conecta los dos hemisferios cerebrales y que ayuda a la coordinación de ambas manos.

Dados los resultados de diversas investigaciones al respecto, en 2009, investigadores de la Universidad de Zurich señalaron que la plasticidad cerebral que propicia la música podría ser aprovechada para desarrollar terapias destinadas a mejorar las habilidades cognitivas.

La música sería útil para este fin debido a que las regiones cerebrales implicadas en la práctica musical se utilizan también para otras funciones, como la memoria o el lenguaje. Cualquier mejora que favorezca la música en estas áreas del cerebro, favorecería, por tanto, las capacidades en otros campos del conocimiento.

Fuente: www.tendencias21.net

Es sabido que el tocar un instrumento afina el oído de quien lo toca. El distinguir los acordes requiere un entrenamiento —y por lo tanto un desarrollo— de sus capacidades auditivas para poder distinguirlos.

Se ha comprobado que los que tocan un instrumento poseen un mayor rendimiento en matemáticas, además de una memoria más desarrollada y eficaz que el común de la gente. Pero recientemente se ha comprobado que la música no sólo desarrolla estas capacidades del cerebro, sino que también lo hace con las facultades comunicativas.

Quienes tocan un instrumento pueden identificar con más claridad al interlocutor con tan sólo escuchar su timbre de voz. También se ha comprobado que leen los labios de una forma mucho más precisa que como lo hace una persona normal. Es más, en base a los gestos y la tonalidad que utiliza su interlocutor, quienes tocan un instrumento musical pueden inferir los estados anímicos de quien se está comunicando con ellos.

El tronco cerebral, la parte más primitiva de nuestro cerebro, es el factor que influye en este hecho. Los músicos poseen un sistema neuronal especializado en el procesamiento de imágenes y sonidos. Como esta parte del cerebro está también asociada al desarrollo del lenguaje, los científicos han concluido que los niños que tocan un instrumento podrían alfabetizarse con mayor eficacia.

Fuente: www.ojocientifico.com

Escuchamos música para ir al trabajo, mientras nos damos un baño, en el concierto de nuestro artista favorito o en el autobús cuando no queremos hablar con la persona de al lado. El uso que le damos a la música ciertamente se ha convertido en parte de nuestra rutina, pero es más que un simple acto rutinario. El rol que tiene en la configuración de nuestras relaciones sociales trasciende a un simple entretenimiento, es una proyección de lo que somos y un ente transformador de quienes podemos llegar a ser.

Nos apropiamos de la música… y ella de nosotros

La preferencia por un tipo de género musical determina en buena medida la pertenencia a determinados grupos sociales y nuestro comportamiento dentro de estos grupos.music2

En este punto vale la pena analizar el caso que esboza Pedro Peixoto Ferreira en su artículo When Sound Meets Movement: Performance in Electronic Dance Music. Parte del caso propuesto por Ben Neill en un texto publicado en Leonardo Music Journal, en el que considera que los rave de música eletrónica han tenido gran éxito principalmente por la forma en que se configura la relación entre el artista y la audiencia.

En los raves el artista no representa una “figura de poder”, sino más bien la de un facilitador de la fiesta en sí. “El artista no es el centro de atención, sólo el canalizador de la energía de la pista de baile” Ben Neill

En este ejemplo podemos entender a la música como un medio de integración, en el que la forma de consumo reconfigura las normas sociales, donde las relaciones de poder prácticamente no existen.

Música y baile

BailandoEn la misma línea podemos encontrar otro ejemplo relacionado con la forma en que las personas bailan; muchos géneros musicales tienen una forma de baile definida y nos sentiríamos ridículos si intentáramos bailar sin saber cómo hacerlo. En géneros como la música electrónica simplemente no ocurre porque no hay una autoridad que defina cómo se debe bailar.

Con el caso anterior podemos encontrar otra característica particular de la música en el contexto social: su carácter dual. La música no solo dota de significado, sino también significa y representa

En muchas ocasiones la música es sujeto de censura, ya que se considera un medio que incita a la violencia, conductas de riesgo, al involucramiento en grupos de pandillas, etcétera. No obstante, debemos considerar primero qué fenómeno fue el que creó determinada música y a quiénes apela realmente.

Las canciones de amor y su capacidad intemporal

Plantearse la música de esta forma permite comprender que la música responde a una demanda, un anhelo, un factor de identificación, una visibilización de la realidad de quien la escucha… quizás por esta razón, aunque existen muchas canciones de amor, nunca pasan de moda y tienen un éxito aceptable, pues siempre habrá alguien que se sienta identificado con la letra de la canción.

La canción en sí no es tan importante como lo que significa, que en este caso es la exteriorización de sus sentimientos a través de la letra de una canción y una melodía que toca fibras sensibles.

Quizás, después de todo, la vida sí es una canción.

Fuente: http://sonconvos.wordpress.com

La música clásica afecta a todo aquel que la escucha, tal es así que las principales películas a menudo la utilizan para evocar sentimientos y estados de ánimo necesarios para contar una historia. La técnica funciona porque la música clásica es organizada y compleja, con frases y cantidades variables de intensidad que se comportan como un narrador que cuenta un cuento sin palabras. De hecho, la notación musical es un lenguaje propio. Debido a que la música clásica tiene tal fuerza, los científicos comenzaron a estudiar los impactos específicos que la música clásica tiene en el cerebro encontrando que tiene efectos beneficiosos y constructivos.

Mayor recompensa

De acuerdo con el estudio de Stanford “Las recompensas de escuchar música: Respuesta y conectividad fisiológica del sistema mesolímbico”, escuchar música clásica ofrece recompensas fisiológicas. El flujo sanguíneo se incrementa a varias áreas del cerebro, activando los centros autonómicos, cognitivos y emocionales, mientras que otra parte del cerebro libera la dopamina. La dopamina es una sustancia química que, entre otras cosas, afecta el humor y la capacidad de sentir placer. Esta liberación de dopamina, producida en las otras áreas del cerebro que interactúan, permite una mayor sensación de bienestar. Este beneficio de escuchar música clásica tiene implicaciones para nuestra comprensión de los trastornos como la depresión y la bipolaridad y la esquizofrenia, según los autores del estudio.

El efecto Mozart    mozart1portada

El llamado efecto Mozart se produce, según el experimento original de 1993 de Rauscher, Shaw y Ky, cuando los sujetos que escuchan una sonata de Mozart experimentan saltos en el razonamiento espacial. Estos logros espaciales eran muy temporales, pero resultaban en un incremento temporal del coeficiente intelectual en lo relativo a la capacidad espacial. El estudio creó una gran controversia y algunos científicos no pudieron reproducir los resultados, aunque otros lo hicieron, y los autores del estudio sospechaban que el aluvión de pruebas tras el estudio inicial llevaron a algunas malas aplicaciones de pruebas y de análisis. La replicación del éxito de la prueba no alivió la controversia, ya que algunos dijeron que el aumento en la capacidad espacial puede ser causado por el disfrute de la música, no por la música en sí. Sin embargo, el ensayo se repitió con las ratas y persistió el efecto. Las ratas fueron expuestas a un ruido blanco en silencio, otro estilo musical o Mozart. Sólo las ratas que escucharon a Mozart experimentaron el beneficio de superiores capacidades de razonamiento espacial. El efecto Mozart sólo dura unos 12 minutos y puede ser inducido con tan sólo 10 minutos de escuchar la sonata K448 del piano de Mozart o el concierto para piano K488. Otra música clásica de estructura similar tiene probabilidades de inducir también el efecto, a pesar de que será necesario realizar las pruebas para probar esto.

La epilepsia y Mozart

La música de Mozart también beneficia a los cerebros de algunos pacientes con epilepsia, según han demostrado los estudios. Los sujetos de prueba incluyen un paciente en coma y un niño que sufre muchos ataques en un día normal. Las investigaciones mostraron una mejoría significativa para muchos de los pacientes expuestos a Mozart. El niño, por ejemplo, vio una caídnoticia_beneficiosmusicaa significativa en el número y la duración de las convulsiones.

CI impulsado

Mientras que el Efecto Mozart implica la escucha pasiva de música clásica, un estudio canadiense probó la participación activa. Es decir, los autores del estudio evaluaron el efecto de las clases de música en las puntuaciones de CI de los niños. El estudio mostró que los niños que tomaron clases de música tuvieron un aumento general en el CI global. El impulso no fue temporal.

Fuente: www.ehowenespanol.com

“La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”. Cuando Platón expresó estas palabras, es muy posible que no supiera cuán acertadas iban a ser para la comunidad científica años después.

Esa importancia que en la Antigua Grecia se daba a la canción y las artes musicales no debió de caer en saco roto a juzgar por lo eruditos e ilustres que fueron muchos de sus ciudadanos. Y una razón de ese éxito en la astronomía, las matemáticas o la filosofía podría residir en la música.

La música mejora el rendimiento cerebral.cerebro_musica

De acuerdo a un estudio realizado en 2011 por psicólogos de la Universidad de Kansas (Estados Unidos) y la American Psychological Association, recibir formación musical en la etapa previa a la adolescencia puede repercutir en una mejora de la inteligencia de los niños, ya que ayuda a que se formen conexiones alternativas en el cerebro y a lograr una optimización de su rendimiento. Sin embargo, los beneficios de esas clases no solo se notan en edades más tempranas.

Según el estudio -que fue llevado a cabo en personas sanas de entre 60 y 83 años – , aquellos que contaron con dicha formación en la juventud obtuvieron mejores resultados en las pruebas de memoria visual, las de adaptación y en la capacidad para nombrar objetos que los que nunca habían asistido a una clase de música, una conclusión que podría determinar la influencia de la música en el retraso del envejecimiento cerebral y de la aparición de enfermedades como la demencia senil.

Estudiar música repercute en un menor deterioro neuronal.

“Dado que estudiar un instrumento requiere años de práctica y aprendizaje, crea conexiones alternativas que hacen más plástico el cerebro y que compensarían la pérdida de capacidades cerebrales conforme ganamos años.”

“Los resultados sugieren que hay una conexión muy fuerte entre estudiar música y llegar a la vejez con una mejor capacidad cognitiva”, explicó en el estudio la investigadora Brenda Hanna-Pladdy.

Estudiar música. Eestudiaroyendomusicastudiar con música.

Y si estudiar música es importante, estudiar con música también lo es, pues se trata de una técnica de estudio que mejora la concentración y que genera un clima más proclive a la asimilación de conocimientos.

Fuente: Sección de Salud de lasprovincias.es